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Full text of "Fábulas americanas, en consonancia con los usos, costumbres e historia natural del país por Un Americano (Dámaso A. Larrañaga)"

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Larranaga, Dámaso Antonio 
Fábulas americanas 






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FÁBULAS AMERICANAS 



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POR 



IJX AMERICANO 
( Dninoso A. Lortauaíia) 



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MONTEVIDEO, 1826 



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MONTEVIDEO 

IMPRENTA DE DORNALECHE HERMANOS 

Calle Cerro Largo, 783 y 785 

1919 



Digitized by the Internet Archive 

in 2011 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/fbulasamericanOOIarr 



FÁBULAS AMERICANAS 



EN CONSONANCIA CON LOS USOS, 

COSTUMBRES E HISTORIA NATURAL DEL PAÍS 
POR 

UN AMERICANO 

(Dámaso A. Larrañaíja) 



Siite pamboliá non loqitebaluy eis. 



MONTEVIDEO, 1826 




MONTEVIDEO 

IMPRENTA DK DORNALECHE HERMANOS 

Calle Ceno Largo, 783 y 785 

1919 






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APR 26 1973 )1 



Al ledo?' 



Muchos años hace que debía haber dado a 
la 'publicidad las fábulas que forman esta 
colección, lo que no he efectuado por causas 
ajenas a mi voluntad. Escritas aquéllas hace 
92 años, ya ha corrido más que sobrado tiempo 
para que pasen a aumentar la literatura na- 
cional, como obra escrita por el conocido sabio 
don Dámaso A. Larrañaga. 

Tengo la convicción de que este trabajo 
será recibido corí aplauso, por ser quien es 
el autor, ya también por el espíritu nacional 
con que se viste a los apólogos, y ya por la 
moral amplia que en él se emplea. 

Debo manifestar que estas fábulas son iné- 
ditas, excepto tres que publiqué en el ano 1891 
en " El Teléfono " de Mercedes. En 1911 tuve 
el gusto de obsequiar con la copia de otras 
tres a un señor que iba a escribir .sobre algún 
punto de la biografía de aquel naturalista y 
hombre de iglesia, y más otras dos copias que 



4 Mariano B, Berro 

después di a un ilustrado amigo. Como el total 
de las fábulas es de W, son desconocidas las 
restantes 41. 

Debo explicar ahora cómo es que esta colec- 
ción, obra del señor Larrañaga, vino a mi 
poder desde hace 65 años. Seré digresivo 
para probar acabadamente cómo llegué a ser 
depositario de una copia de aquel manuscrito, 
dejando establecida la autenticidad del autor. 

Don Bernardo P. Berro, sobrino carnal que 
fué de Larrañaga, allá por los años 1852 a 
1853 llevó su familia a vivir en la casa - 
quinta que éste había poseído en el Migue- 
lete, donde se conservaban aihi los muebles, 
libros, papeles, etc.; fué allí que entre los ma- 
nuscritos encontré el cuaderno en que estaban 
escritas las fábulas que ahora se publican; 
tenia por carátula los siguientes titulos : Fíbu- 
las AMERICANAS EN CONSONANCIA CON LOS USOS, 
COSTUMBRES E HISTORIA NATURAL DEL PAÍS. — 

Por UN Americano. (Sine parabolis non 

LOQUEBATUR EIS. ) — EsCRITO EN 1826. — MON- 
TEVIDEO. 

Este ti^abajo cautivó mi atención, dada mi 
afición a estudios de Historia Natu^^al, por lo 
cual decidí lomar una copia, que más tarde 
mi padre corrigió de algunas pequeñas faltas 
de que adolecía, pues el original le era 



AI lector 5 

MUY CONOCIDO. Es de 8uponer que el expresado 
trabajo ha debido ser destruido, porque ha- 
biendo pasado tan largo lapso de tiempo, 
nadie ha hecho mención de él. 

Se felicita de poder ceder, para darse a la 
luz pública, la copia de las fábulas. 

Mariano B. Berro. 



Dámaso A* Larrañaga 



El picaflor y la abeja 

Llegó a un jardín ameno 
un picaflor arrogante, 
con más brillos que un diamante 
de oro y de zafiros lleno. 

De rubí tenía el pico, 
brillaban en sus espaldas 
las más finas esmeraldas ; 
y todo él era muy rico. 

Los tablones recorría 
como un dardo disparado, 
y a veces enajenado 
en el aire parecía. 

Aquí una abeja encontró 
que en un nardo se posaba 
y a volar se preparaba 
después que el néctar chupó. 

Del ave el furor se aumenta 
viendo ser la última flor 
que escapada del calor 
sola a sus hijos sustenta. 



Fábulas Americanas 

** — Salg:at le dice enfadada ; 
la muy inquieta, la ruidosa, 
la negruzca, y enfadosa 
no entristezca, esta, morada. 

" Vayase, pues, a ocultar 
en su oscuro laberinto; 
deje ese hermoso recinto 
y delicioso lugar. 

*'Reino aqui por mi hermosura 
mi brillo debe imponer ; 
trate, pues, de obedecer, 
que mi paciencia se apura.'' 

Nuestra abejita industriosa, 
que por su amo se afanaba 
y con paciencia escuchaba, 
le dice: ** — ¡Q«é fuerte cosa! 

** Mi miel a mi amo regalo ; 
él se alumbra de mi cera; 
nadie como yo se esmera, — 
tú, sólo por golosina. '' 

"¡Pretendes la preferencia, 
y no siendo sino plumas, 
exigir de mi presumas 
que te rinda la obediencia ! 

"Tú, huesos ni carnes tienes 
para el diente de un ratón. 



Dámaso A, Lanañaga 



ni el canto de un moscardón : 
no sé cuáles son tus bienes. 

''Eres linda, eres graciosa, 
tienes un rico vestido, 
muy brillante, muy lucido ; 
pero eres vana y ociosa/^ 

Es por nuestra ley premiado 
quien trabaja, no quien brilla, 
y el zángano que se pilla 
es con rigor castigado. 

Guarde bien esta moral 
todo voraz figurón, 
que por sólo el relumbrón 
desprecia al buen maestral. 



vsr 



Fábulas Americanas 



El zorrillo y el perro 

Un perro muy chapetón, 
de Europa recién llegado, 
un zorrillo hubo encontrado 
y a saludar va el simplón, 
por su algalia a ño hurón, 
como acostumbra esta gente, 
y exclama cuando la siente : 
**lQuc mal trata esta canalla, 
que en tan linda tierra, se halla, 
al extranjero inocente T' 

Engañar piensa un tunante 
a nuestros americanos 
besando nalgas y manos, 
cuando llega del Atlante ; 
con apariencias de amante 
y de perro las entrañas. 
Se ven luego sus marañas ; 
y haciendo lo que el zorrillo, 
es tratado como pillo 
por lo que creyó alimañas. 



Dámaso A» Larrañaga 



El zorro y el tigre 



Viendo ciertos pastores 
que pasaba algún tiempo, 
no aumentaba el ganado 
y que antes iba en menos, - 
que el país no admite peste 
y era vuelto el sosiego, 
desde luego pensaron 
que un tigre grande y fiero 
que antes se había visto, 
era la causa de ello ; — 
y encuentran los rezagos 
estando más atentos ; — 
colocan una trampa 
de gruesísímos leños, 
con un jamón muy gordo 
de un muy gordo becerro. 
No muy lejos de allí 
tenia sus hijuelos 
nuestro buen zorro enorme, 
americano fiero. 
Llegando a sus narices 
el olor del buen cebo, 
creyó ser un despojo 
de un tigre compañero 
y grande amigo suyo. 



Fábulas Americanas í í 

quien le dejaría el resto 

de algún gordo perníl 

o algunos lomos tiernos. 

Se acerca... entra en la jaula, 

y el pobre queda dentro ; 

a sus altos aullidos 

y llorosos lamentos, 

viene bramando el tigre, 

atronando el desierto. 

— ** I Qué es eso, camarada ? 
< qué caso tan adverso 

te hace llenar los aires 
con gritos lastimeros ? ** 
le dice compasivo 
el que aqui tiene el cetro, 
la corona y el mando 
en el brutal reino. 
Desesperado el zorro, 
le responde : — ¡ Perverso ! 
de gatesca turba hijo ; 
para ti se habrá puesto, 
¡ oh fiera destructora ! 
tan fatal instrumento; 
pues tú el ganado matas 
de estos pastores buenos, 
y yo no he derramado 
la sangre de un cordero. '* 

— ** Calla, ingrato, le dice 
el monarca gatesco; 
pues tú saber debieras 
que están por ley sujetos, 
participe y ladrón, 

a pagar por entero. ^* 



Í2 Dama.so A» Larrañaga 

Reñidos los compadres, 
al punto se dijeron 
verdades más amargas 
que las de un misionero. 



^ ^ ^- 



Fábulas Americanas 



El hortelano y el cardo 

Un hortelano 
de gran cachaza^ 
limpiar su huerta 
de cardos trata. 

Lo que despierta, 
halla su cama 
de esta semilla 
toda inundada, 

** \ Jesús ! — entonces — 
¡Jesús me valgfal'^ 
exclama el pobre, 
y cuando alzuh^ 
la mano al pecho, 
la ve enredada; 
bajó la mano 
hacia la barba; 
aqui la toca, — 
j vamos con calma ! 

Luego al momento 
él se levanta; 
peinó el cabello, 
lavó la cara, 
y antes de todo, 
limpió la cama. 

Doña semilla 



Í4 Dámaso A, Larrañaga 

en su frazada 
a pelotones 
está clavada. 

Vamos despacio; — 
todas arranca: 
una por una, 
no dejó nada, 
y mucho tiempo 
en esto tarda. 

Tomó la escoba, 
barre la sala 
con gran trabajo, — 
es cosa clara. 

La jugfuetona 
revoloteaba 
y dando un vuelo 
atrás se para. 

Él la persigue 
y retrograda; 
aquesta pilla, 
la otra se escapa; 
muchas encuentra 
bajo la cama, 
entre las sillas, 
en telarañas. 

Alza los ojos, 
las ve pegadas 
en todo el techo. 
¡ Esto ya cansa ! 

Él toma alientos 
y con constancia 
todo lo limpia 
y, en fin, acaba. 



Fábulas Americanas 15 

Empleó gran tiempo, 
medía mañana ; 
mas todo queda 
como una plata. 

Entre sí dice: 
la quinta falta; 
se caló el gorro, 
tomó la azada, 
abre las puertas 
y las ventanas; 
mas con el viento 
ella se entrara 
como una nube 
espesa y blanca; 
todo lo llena 
aun más que estaba. 

Ya no hay paciencia 
con tal canalla; — 
la vela aplica 
y en llamaradas 
las plumas arden; 
también la casa, 
siendo hecha toda 
de hinojo y paja, 
y con gran trabajo 
el pobre escapa. 

Estando afuera, 
tira la azada, 
arroja el gorro 
y lo pateaba. 

Sus maldiciones 
a todo alcanzan; 



Í6 Dámaso A, Larrañaga 

y cíegfo toma 
en la fogata 
on gran manojo 
de paja en llamas; 
corre furioso 
a la más alta 
planta de cardo, — 
ésta le habla: 

** — Hombre, detente ; — 
él se asustara. — 
^No me conoces? 
yo soy la planta 
, del alcaucil 

que tú cuidabas, 
que tú pusiste 
en esta chacra 
y buen dinero 
de mí sacabas; 
me abandonaste, 
yo me hice brava, 
y mi semilla 
degenerada 
sólo produce 
espinas largas; 
a mí no acuses 
y ni a las otras 
mis camaradas; 
menos acuses 
la augusta y santa 
bondad divina 
que tanto te ama/^ 



Fábulas Americanas Í7 

Todo hombre dígfa 
con paz cristiana í 
el autor soy- 
de mis desgracias. 



■«♦»■ -aje ■»♦/» 

■*y»- -^» -^^^ 



Dámaso A, Larrañaga 



El caracol 

Síg^uíendo los consejos de «na hormiga, 
un caracol su molle ya dejaba, 
probar queriendo de la dulce miga 
de un grande camuatí que dél colgaba; 
y en vez de miel probó de la enemiga 
tropa el punzón que casi le mataba: 
'^Volvamos, dijo, a nuestros juegos viejos, 
que a pagar no ayudan los consejos/^ 



t- A' 



Fábulas Americanas 



La comadreja y el murciélago 

Huyendo de la escoba de una vieja, 
que un pobre gallinero defendía, 
a un ombú se trepó una comadreja 
cuando ya el sol nacía ; 
y hubo tales chillidos, 
y tales los destrozos de los nidos, 
que perdió su reposo 
un murciélago feo y horroroso, 
de aquellos que colgados 
duermen en gajos tiernos y delgados. 

La bolsuda, después de tentativas 
repetidas y vivas 

como hizo por las uvas la raposa, 
dice: — ** Oh, tú, criatura rara, hermosa; 
una de las más raras, más extrañas, 
cual yo por mis entrañas, 
baja, que contemplarte quiero atenta, 
pues me tiene cuenta. 

Me dicen que con tus enormes alas 
volando a las aves las igualas, 
y he oído que allá en la Nueva Holanda 
a ciertos de los vuestros que volaban 
nada les escapaba ; 



20 Dámaso A, Larrañaga 

baja, pues, no deseches mí demanda: 
no temas, que sólo aves yo persigo ; 
nada tengo contigo 
y eres mi semejante. ^^ 

Respondióle el murciélago al instante: 
— ** Oh, tú, del colmilludo hocico, 
no te daré en el pico; 
Sí haces sin alas tal carnicería, 
teniéndolas, vivir no se podría; 
contempla bien las alas que has comido, 
que yo nada mejor he conocido ; 
quisieras tú también comer las mías, 
mas no será en mis días. 

Mientras tú no me tengas a tu lado, 
yo seré solamente un bruto alado ; 
mas dentro de no mucho, 
para ti sólo seré un avechucho. ^^ 

Los que hacemos así a dos partidos, 
en todos ellos somos perseguidos, 
y así es que sólo de noche volamos 
y enemigos a todos los juzgamos. 
¡Atención, señores hugonotas: 
hoy de zapatos, mañana de botas ! 



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Fábulas Americanas 



El terutero y la tortuga 

Preséntase «n valiente terutero 
armado de g^uerrero, 
con uniforme blanco y gris completo^ 
penacho negfro con bígfote y peto ; 
el pico y pies de carmin teñidos, 
y en sus alas dos dardos encendidos ; 
centellantes y rojos 
tenía sus dos ojos: 

todo indicaba en él sangre y muerte... 
A una tortuga hablaba de esta suerte : 
— ** Sabio amigo : tú a quien varios fracasos 
han hecho mesurados tus lentos pasos, 
vengo desesperado, 
y de pelear cansado. 
Sabes que soy animoso, 
vigilante y celoso ; 
mas anoche, ¡infeliz! tengo perdido 
a todos los hijuelos con mi nido, 
y cuento muchos años 
que sufro iguales daños, 
mientras que los demás tranquilamente 
duermen sin menoscabo de su gente." 
-^^*¡Ay! mísero de aquel que al león despierta, 
pues a mil males abrirá la puerta P' 
Así habló la tortuga mesurada 



22 Dámaso A* Larrañaga 

a su buen camarada: 

** Haz que de noche tu familia calle 

y no atormente ni perturbe el valle; 

duerme cual yo y los otros compañeros, 

no seas charlatán y vocinglero, 

pues pones al que está durmiendo alerta 

y al que te acecha te haces descubierto* 

Deja que duerman águilas y halcones, 

no llames buhos, zorrillos ni hurones/^ 

Y siguiendo el consejo 

del mesurado viejo, 

el terutero logró al fin su cría. 

Así yo exclamaré, por vida mía: 

sabio silencio mil males evitas 

en los que charlatán te precipitas. 






Fábulas Americanas 



El argonauta y el mejillón 

A las costas llegó de Maldonado 
un argonauta en tiempo muy sereno ; 
mas no de aquellos que habían robado 
el vellocino ajeno, 
aquel toisón famoso que pendiente 
se ve del cuello de la gran nobleza ? 
recuerdo de un ladrón, de mala gente 
no debía ser signo de grandeza. 
Mas un cuento interrumpe nuestro cuento, 
a esto episodio alguno llamaría, 
y para mí inútil pensamiento. — 

Un pobre caracol el argonauta 
de mi fábula es de quien yo tratara 
y que al hombre sirvió de norma y pauta, 
a quien del mar el arte le enseñara ; 
pues navega con mil jarcias y antenas 
en tiempo bonancible 
y al instante y apenas 
que siente el huracán pampero horrible, 
las pone como remos, 
o las oculta todas al momento. 

Sabios mortales, ¡ cuándo aprenderemos 
esta facilidad de huir del viento 
sin temor de naufragio ! 

Alzando todo trapo 



24 Dámaso A, Larrañaga 

entra en el surgidero 
el marinero guapo 
con otros campeones, 
cual Sí fuera una armada, 
y oyen estas razones 
del manso mejillón, 
concha o nave anclada : 

— ** Llega a probar de feraces prados 
do la naturaleza, en su gran pompa, 

deja los tristes mares '^ . . . y él consiente . ♦ ♦ 

A pocas horas hincha su gran trompa 
el austro tempestuoso e inclemente ; 
mas nuestro mejillón no tiene apuro^ 
pues en su ancla confiado, 
se mira muy seguro» 
Mas, ¡ ay ! triste argonauta malhadado, 
sin ciencia ni aparejos necesarios : 
el escuadrón perece casi todo. 
En casos tan adversos y contrarios, 
los que escapan hundidos en el lodo, 

— ** Vamos, dicen, volvamos al Océano, 
donde sin los escollos de estos suelos 
sigamos el decreto soberano. 

Allá donde vivieron mis abuelos, 
en altos mares somos navegantes ; 
no sabemos el pobre cabotaje . . . '^ 
Es otra lección para los amantes 
que profesan el útil pilotaje. 

Al ver la tierra, sed aun más celosos, 
anclad y no entréis sino de dia ; 
en mares bravos y tan borrascosos, 
evitad una fatal alegría. 



Fábulas Americanas 



Un hombre y el oso hormiguero 



AI retirarse 
de la campaña, 
un ciudadano, 
lleno de rabia 
contra la hormig:a, 
nuestra peor plaga, 
dijo enfadado : 
— ** Todo lo acaba ; 
pues acabemos 
con tal canalla, 
y en estos días 
nada más se haga,^^ 
Y ya concluidas 
sus tres semanas, 
volviendo el amo 
halló la casa 
por dentro y fuera 
toda excavada, 
con su arboleda 
en parte caída, 
ni del sembrado 
judías, habas, 
jardín y flores, 
nada encontraba ; 
tienen portillo 



26 Dámaso A* Larrañaga 

todas sus zanjas... 
**<Qu¿ se ha ganado ? 
nada y más nada : 
mucho destrozo, 
poca ganancia, 
pues las hormigas 
siempre abundaban. ** 
Esto decía 
a un camarada, 
en una pieza, 
do cerca estaba, 
entre otras cosas, 
una gran jaula 
que contenía 
un alimaña, 
oso hormiguero 
aquí llamada. 
Esta le dijo 
con arrogancia : 
"Libertad dadme, 
a todos grata, 
que alguien tú tienes 
que da abundancia ; 
estos graneros 
te los llenara 
quitando estorbos 
a la labranza. '^ 

Cuando esto dijo, 
el olfateaba 
hacia la huerta. 
Su amo lo saca . . . 
corre derecho 



Fábulas Americanas 27 

como una bala 
do ellas tenían 
hondas moradas. 

Con una lengua 
de más de vara, 
ninguna sola 
se le escapaba. 
En un instante 
limpió la chacra. 

Cien mil soldados 
con cien batallas 
quizás no obtienen 
la paz deseada 
que un sabio adquiere 
de una plumada. 

Busque el Estado 
personas sabias : 
deseche otras 
por su ignorancia, 
y que no digan: 
gasta y no gana. 



t< 



Dámaso A, Larrañaga 



Visita de Neptuno al Argentino 

En su rica carroza muy brillante, 
de nácar con aljófar guarnecida, 
de ninfas y tritones conducida, 
Neptuno el Dios del mar muy vigilante, 

el Río de la Plata visitaba, 
enlodado trayendo su tridente, 
el que era más que el sol resplandeciente; 
su carroza en el lodo se atollaba. 

Súpolo el Argentino su querido ; 
pone los tiros, y guiando al Norte, 
en la falda de un cerro la gran Corte 
disfruta del descanso apetecido. 

De los dioses las ninfas juguetonas, 
gozando de tan bellas perspectivas, 
se burlaban alegres y festivas, 
al verse inmundas como unas fregonas. 

Una de las sirenas, la más bella, 
que descollaba en la mansión marina, 
chistosa hablaba con una argentina 
ninfa, viva y brillante cual estrella : 



Fábulas Americanas 29 

— '*Por mis humildes rueg:os, Dios Neptuno 
vuestro río hoy visita muy clemente; 

creí salir más rica y refulgente 

que lo que había salido de otro alguno : 

Vuestro Plata se ha vuelto puro lodo ; 
para que no robásemos las minas, 
las cogisteis vosotras, argentinas, 
ocultándolas todas de ese modo/^ 

Asi habló donosa con tal sonrisa, 
con tal gracia y estilo tan jocoso, 
que el Dios grave dejaba ver su gozo; 
mas la Argentina le responde aprisa: 

— ''Los metales las cosas representan : 
riquezas verdaderas son las cosas ; 
cuanto más en un país son abundosas, 
tanto sus riquezas ellas aumentan; 

Y plata sabes que es lo que la vale: 
observa las colinas y los prados, 
los ríos, vegetales y ganados, 
y dime si algo hay que aquesto iguale? 

Ni de oro ni de plata tiene minas, 
Neptuno, tu anglo floreciente imperio.'^ 
El Dios le respondió en tono muy serio : 
''Haz que tus hijos sepan tal doctrina." 

Del calor de la ninfa se rieron, 
y todos muy contentos se partieron. 



Dámaso A. Larrañaga 



Las dos montañas: Pan de Azúcar 
y Montevideo 

Hijo del Sud- Atlante muy querido^ 
Pan de Azúcar gígfante celebrado, 
de todos los pilotos conocido, 

Que al río de 'la Plata han visitado, 
de mil ligantes padres se ha criado, 
y un hijo menor tiene separado 

Indicando la divisoria eterna 
que media entre Neptuno y Arg;entino, 
embeleso y la gfran gloria paterna. 

Envidia, desde luego, su destino . . . 
cual trueno que retumba en la caverna, 
a su joven hablaba císplatino : 

— ** ¡ Montevideo, mi hijo respetuoso, 
objeto de mi amor y mi desvelo, 
distante aunque de un padre tan amoroso! 

Jove jamás resuena allá en el cielo 
que alzando mi cabeza cuidadoso 
no te descubra para mi consuelo; 

Ven a vivir con tus hermanos 
en medio de mi corte tan lucida. ** 
— *^^Son esos tus decretos soberanos 

O paternos recelos por mi vida, 
cual los tienen los miseros humanos?" 
le respondió con su atención debida. 



Fábulas Americanas 3í 

"Déjame vivir lejos cíe mí gente 
que por tu mismo amor me persegfuía ; * 

no receles de mí, padre clemente. 

Y también me asomo en el mismo día, 
como hijo muy amante y obediente: 
teng;o honores que allá no los tendría. 

Norte y abrigo de mi puerto amado, 
alegría de tristes corazones, 
entre grandes dioses respetado. 

A cada uno reparto sus porciones, 
junto de todos es tu hijo venerado, 
que cual de todos recibe los honores. 

No sólo se obedece mi sentencia; 
mas de tu hijo el gran saber alaban, 
y es tanta de los dioses la clemencia, 

que ante mí muchas veces se postraban 
y llenos de profunda reverencia 
otras tantas mis pies besan y lavan /^ 

** Que no vivan los sabios apiñados, — 
al oírlo exclamó un pobre poeta, — 
mas salgan a los pueblos desgraciados; 

Huyendo de la corte la etiqueta, 
todos serán por cierto afortunados: 
nadie en su tierra fué útil ni profeta. '' 



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Dámaso A* Larrañaga 



Manco - Capac, inca 

Manco - Capac, un bárbaro peruano, 
descendido del cíelo y del Sol hijo 
fingió ser, para hacerse soberano. 
Con tal religión, régimen prolijo, 
fundó un imperio sabio, dulce, íiumano. 

— ¡Gran fábula miserable! alguien dijo, 

— ^ Quién más bárbaro t el que lo desfigura, 
o el que todo lo tiene por locura ? 






Fábulas Americanas 



El cazador y su perdiguero 



Un íngflés cazaba 
con su perdiguero 
de color muy blanco, 
pintado canelo ; 
con grandes orejas 
los ojos cubiertos, 
éstos son de topo, 
la nariz de perro, 
que lleva arrastrando 
la tierra escribiendo 
como un pendolista 
que hace mil enredos ; 
y como azogado 
parece su cuerpo, 
el rabo parado 
mirando hacia el cielo. 
Se encoge de pronto, 
queda abandonado, 
con extraños gestos 
que jamás se han visto 
en can tan maestro ; 
moviendo la cola 
como un mosquetero, 
vuelve la cabeza 
enfadado el perro 



34 Dámaso A, Larrañaga 

y al amo le dice : 

— ** I Qué quieres ? no veo, 
pero ya la huelo ; 

pues siendo pajizo 
el animalejo, 
con la paja seca 
se va confundiendo ; '' 
en fin, le hace seña 
y lo mata al vuelo. 
Corre como un galgo, 
lo trae al momento ; 
lo examinan ambos 
curiosos y atentos : 
con su vista el amo, 
con su olfato el perro. 
Ni los pies son rojos 
de carmín risueño ; 
los ojos no tiene 
pintados ni bellos ; 
tampoco matices 
en cabeza y cuello. 

— ** Es un gallipavo 
en lo grande y grueso, 
pero yo me engaño, 
pues tampoco es esto ; 
la cola le falta, 

el pico es ligero, 

largo y aplastado, 

más curvo que recto. 

Estoy por decirte 

que él es de otro género. ^ 

— ** Es perdiz, mi amo. '' 



Fábulas Americanas 35 

— ** ¡ Qué perdiz ... tu abuelo ! '^ 

— ** Perdiz es, le digo. ^^ 

— ** Pues que vaya al fuego 
esa grande prueba 

de los palaciegos. ^^ 

La asan y la comen, 

y dice el isleño : 

" Mucho más tú sabes 

que el sueco Línneo.^^ 

Sería curioso 

un sistema nuevo, 

bien clasificado 

por perros maestros, 

y no tengo duda 

que mí cancerbero 

bien capaz sería 

de hacerlo muy bueno. 

De animales sabes, 

y al vegetal veo 

que también conoces : 

vómitos con ellos, 

A las piedras duras 

oler las advierto, 

conocer, pues, debes 

muy bien los tres reinos, 

y lo que escribieses 

seria muy cierto. 

Newton, mi paisano, 

dijo ser externos 

todos los olores, 

siendo muy de adentro 

el olor salido 



36 Dámaso A. Larrañaga 

de todos los cuerpos. 
Dejemos los sabios 
que le hablen al necio. 
Sabed, pues, vosotros 
que los halagfüeños 
exteriores cubren 
a veces veneno, 
y el áspid más lindo 
es más peor que el feo; 
que la virtud tiene 
sus Judas perversos, 
y la medicina 
sus falsos Galenos ; 
que el comercio tiene 
grandes usureros, 
y que en todo hay lobos 
con piel de cordero. 
Mas, por lo contrario, 
hombres tan modestos, 
que bien aprobados 
son los que yo quiero. 



♦ * 



Fábulas Americanas 



El zorro y la zorra 

A la Zoología 
un americano^ 
por útil recreo, 
era dedicado, 
y del viejo mundo 
otro su paisano 
cambió por sus chistes 
un zorro en regalo, 
y con nuestra zorra 
hubo de casarlo. 

Mas, como dañino, 
siempre estaba atado ; 
su querida tiene 
un talento raro 
de mascar las cuerdas 
y asi lo ha soltado, 
y aunque es todavía 
un chapetonazo, 
opíparamente 
ellos cenaron ; 
el amo lo advierte 
y lo ha enjaulado. 

Para hacer las suyas, 
creyó ser el caso 
a su buena esposa 



38 Dámaso A, Larrañaga 

doctrinarla en algo 
de sus artificios, 
astucias y engaños. 

— ** No oyes los corderos 
cómo están balando ? ^' 
La zorra responde: 

** Tengo buen olfato ; 
¡ pobres inocentes ! 
no los he probado. '^ 
Exclamó el esposo : 

— " ¡ Malo, malo, malo I 
¡ qué virtud tan grande ! 
¡ qué enorme milagro ! 

j no come una zorra 
los corderos mansos ! . . . 
^No oyes los pichones 
cómo están chillando ? *^ 

— " I Por dónde, di, subo, 
grande mentecato ? ^^ 

— ** I No ves, tontorrona, 
ese grueso palo ? '^ 

— ** Que mí gente era, 
decía mí amo 

( que es muy sabio en esto ), 
de perros, no gatos ;'^ 
ella así replica. 
Mas su esposo amado, 

— ^' Bien conozco, dice, 
a ese pajarraco ; 

él no gusta mucho 
verte por tejados... 
Ven, no seas boba ; 



Fábulas Americanas 39 

yo te iré enseñando : 
sube^ majadera . . . 
alarga las manos, 
clava bien las uñas 
ahí donde está blando ; 
procura ayudarte 
con el negfro rabo. ** 

— ** ¡ Hombre, me confundes . . . 
mira que me caig'o ! '^ 

— '*¡ Qué mujer tan torpe 
con tantos cuartazos ! 
Espera ahí un poco 

y descansa un rato, 
que más adelante 
no es tan alisado... 
Estira el hocico 
mordiendo aquel clavo. '^ 
Mas ella se estira, 
suelta y da un porrazo : 

— ** ¡ Ay, pobre de mi hijo ! 
¡ ay pobre cuitado ! 

la única esperanza 
de tu padre anciano ! 
I Serás^ cual tu madre, 
dócil y esforzado ? 
de mi gozar debes 
mi gran talentazo. " 

Habló en profecía : 
en menos de un año 
nada se escapaba ; 
pollos, gallipavos, 
conejos y patos ; 



40 Dámaso A» Larrañaga 

también le presenta 
como un gran regalo 
de las tjvas verdes 
frutos sazonados. 
Aquí el zorro viejo 
le da un fuerte abrazo 
y llorando dice: 
— ** Eres aun más sabio 
que tus mismos padres. '^ 

¡ Es lo que ha pasado 
en nuestra conquista, 
cuando se juntaron 
los conquistadores 
con las conquistadas ! 

AI cruzar las castas, 
aun de los humanos, 
que éstas se mejoran, 
es esto bien claro. 

Talentos sublimes 
de negros con blancos 
han nacido siempre, 
que son los mulatos ; 
pues dan los injertos 
frutos delicados, 
aunque el padre sea 
duro, agreste y bravo. 

En fin, yo concluyo : 
los viejos Estados 
con placer reciban 
los americanos, 
y haremos nosotros 
por acá otro tanto. 



Fábulas Americanas 



Los dos ombúes 

— " ¡ Ombú esposo, 
muy querido, 

tú te mueres, 
amor mío ! '' 
a su macho 
la hembra díce, 
que en este árbol 
divididos 
son los sexos 
y distintos. 
Sigue hablando 
al marido: 

— ** Generoso, 
jovíaU vivo 
más que nunca, 
yo te he visto. 

En un año, 
éste mismo, 
por dos veces 
madre he sido.'' 

En efecto, 
el marido 
hubo pronto 
fenecido. . . 

Buen reparo 



42 Dámaso A, Larrañaga 

y muy díg-no 
ser de todos 
bien sabido. 

La tal hembra 
nos ha dicho, 
como Séneca 
en su estilo 
sentencioso, 
persuasivo, 
lo que muchos, 
al oirlo, 
quedar deben 
confundidos, 

\ Cuántos viejos, 
ya vecinos 
a la muerte, 
aunque ricos, 
sólo piensan 
en litigfios ! 
Son avaros 
y mezquinos, 
mentecatos 
e insufridos. 



Fábulas Americanas 



La cotorra y su ama 

Versos castos y pareados 
enseñaba una matrona 
con agudeza y con gracia 
a una muy verde cotorra^ 
con los elogios juntando 
palabras muy injuriosas ; 
siendo fáciles los versos^ 
los aprendió la parlona, 
y cuando su ama venía, 
los repite en esta forma í 
** Cotorrita 

queridita, 

dame el pico. 

\ Ay, qué rico ! 

Tu garganta 

¡ qué bien canta ! 

En tu lengua 

nada mengua ; 

tus mejillas 

dos salvillas ; 

tu cabeza 

me embelesa/^ 
Después pasa presurosa 
a hacer su completo elogio 
de la cabeza a la cola : 



44 Dámaso A, Larrañaga 

**Ese cuello 

es muy bello ; 

en tu nuca 

¡ qué peluca ! 

Ese pecho 

de perla hecho^ 

tus espaldas 

de esmeraldas ; 

esta cola 

tuya sola . . . 

da la pata, 

garfio en plata. " 
Y cambiando la monona 
los elogios en ultrajes 
y palabras afrentosas, 
en tono el más altanero, 
cual lo haría una manóla, 
enfadada le decia 
aquesto entre muchas cosas : 

** Esa boca 

es muy loca, 

tu garganta 

¡ qué mal canta ! 

esos ojos 

dan enojos, 

ese pecho 

es contrahecho, 

esas alas 

son muy malas ; 

da la pata, 

gran mulata. ^^ 
Siguiendo con voz más bronca 



Fábulas Americanas 45 

de un modo más denigrante 
insultaba a su señora : 

** Embustera, 

pendenciera, 

borrachona, 

gran ladrona, 

gran canalla, 

alimaña. *^ 
Luego, como pesarosa, 
muchos besitos le daba 
con gracias encantadoras. 
— No me ofendas, vida mia, 
exclamaba su patrona ; 
lejos de eso, me diviertes : 
eres mi libro y doctrina ; 
pues lo que contigo pasa 
no es fábula, que es historia: 
como mi marido ciego 
me acaricias y baldonas, 
porque las pasiones hacen 
muy brutas a las personas; 
y acordándome de ti, 
yo digo para mi sola, 
llenándome de paciencia: 
** Hay también hombres cotorras. '^ 



"«J^ ^Z' *?« 

^ ^ '"«'* 



Dámaso A, Larrañaga 



La cacica y la pulga 



'Este cuentecíllo 
no se víó jamás 
contado de Esopo, 
y lo he de contar: 

A las tolderías 
no se víó jamás 
llegar a la pulgfa^ 
y se víó llegar. 

Y a tina indiana 
no se víó jamás 
picada de pulga, 
y se víó picar. 

Saltar a la vieja 
no se víó jamás, 
y al verse picada 
se la víó saltar. 

Por nuestra cacica 
no se víó jamás 
brincar a la pulga, 
y la vio brincar. 



Fábulas Americanas 47 

Ni por ella mtierta 
no se víó jamás 
la pulga^ y con todo 
la quiso matar. 

El que ella tírase 
no se Víó jamást 
y con un trabuco 
la quiso tirar. 

— Mancharte en tu sang-re 
no se víó jamás, 

le dijo la pulga, 
queriendo escapar» 

— Ni sangre en tal bicho 
no se vio jamás, 

replicó la noble, 
y la hizo sangrar» 

Pueriles sofismas 
no se vio jamás 
librar de la pena 
que suelen doblar» 



¿Ja. ^» 



Dámaso A, Larrañaga 



El mosquito, la pulga y la chinche 

De América el mosquito 
no es catador perito; 
ni jamás echó un taco^ 
ni se postró ante Baco. 

Mis venas son las cubas 
del mosto de sus uvas; 
mí sangre lo adormece, 
lo embríagfa y enfurece» 

Su bodega es mi cama, 
en ella soy su dama, 
do se oyen mil peleas 
sanguinarias y feas, 
que al hombre de más seso 
lo levantan en peso, 
y es todo indiferente 
siendo sangre de gente ; 
bebe la americana, 
europea y africana 
con igual complacencia, 
sin notar diferencia: 
vino tan generoso 
en todos es precioso. 



Fábulas Americanas 49 

Otra es la refi-íegfa 
en la infeliz bodega^ 
morada del descanso 
del buen Morfeo manso, 
en las horas del sueño 
en que aquel dios risueño 
nos repara y alienta 
y que entonces sustenta 
esta feroz canalla 
tan sangrienta batalla 
con belicoso estruendo, 
roja sangre vertiendo, 
que deja al laborioso 
sin fuerzas ni reposo. 

De tal carniceria 
una pulga se huia 
aun ensangrentada 
y de chupar cansada, 
dejando el lienzo rico 
por esconder su pico 
en la muy pobre tierra, 
mientras pasa esta guerra ; 
viendo, no sin gran susto 
y con terror muy justo, 
los gestos, contorsiones, 
patadas, manotones, 
que la viuda cruenta 
reparte soñolienta, 
dando ayes y gemidos 
entre grandes ronquidos ; 
y estando temerosa 
que la grita horrorosa 



50 Dámaso A» Larrañaga. 

al ama despertara 
y que ella lo pagara, 
quiete dentro del suelo 
esconderse, cual cíelo. 

Huyen los voladores 
crueles salteadores, 
y un grande salto dando, 
le dice uno del bando t 

- ** \ Ha de la gran cabruna ! 
¿nos dejó sangre alguna ?^^ 
Ésta lo chupa todo 
silenciosa y de un modo 
galán, ni hay mosquitero 
para ella, ni plumero, 
ni llama de la vela, 
brasero ni candelero ; 
mas ella todo lo huele 
y cata aunque no vuele. 
** ¡ Hola de la cobarde, 
mala, mas sin alarde I '* 

Dijo la saltadora 
pulga : — ** \ Oh zumbadora 
cuadrilla de ladrones ! 
¡ qué justas invenciones 
para quien el mal hace ! 
¡ lo grita y se complace ! 
No niego mis pecados 
inocentes y forzados, 
mas hiere más la ofensa 
hecha con insolencia. ** 
Una chinche olorosa 
dijo al oír tal cosa : 
— ** Éste es también, repito, 
mí texto favorito. " 



Fábulas Americanas 



Los dos sauces: macho y hembra 

La hembra sauce celosa 
dijo a su prenda amada : 
— '* ¡ Qué tiempo hace, marido, 
que vivo entre estas ansias, 
llena de mil tormentos, 
sin paz, desesperada ! 
Ya no ríen los prados 
ni esta fértil campaña ; 
ya no me son sonoras 
ni hermosas las cascadas 
de este vivo arroyuelo 
que mis pies besa y lava ; 
ya en mí redor no vuelan 
las aves ni me cantan, 
ni el jilguero dorado 
que posaba en mis ramas 
desplegando sus trinos 
con voz antes muy grata: 
hoy me parece salen 
de una ronca garganta. 
£ Cuándo tendré incremento ? 
^ cuándo tendré más ramas ? 
I cuándo también mi dueño, 
formando nueva casa, 
cortará estos horcones. 



52 Dámaso A* Larrañaga 

las tijeras y varas ? 
O bien, roto el arado, 
aplicándome su hacha, 
me corte enteramente, 
dándole así la vida 
al mismo que me mata, 
porque el morir lo tengo 
por un favor y gracia. 
¡ Ya, infeliz, no puedo 
ver más lo que me pasa ! 
Yo te veo abrazado 
con esa pasionaria, 
y su nombre te dice 
lo que padece mi alma ; 
cuanto más considero 
sus arreos y galas, 
esos pomillos de oro 
que el granate llenara, 
pendientes y veneros 
y sus lúcidas placas, 
tanto más enardece 
y mí furor se exalta, 
ni tú jamás me diste 
semejantes confianzas, 
antes bien, miserable, 
me veo separada... 
¡ Oh mísero destino ! . . . '^ 

El macho así exclamaba : 
— ** Casado y nunca unido, 
¡ qué condición tan rara ! 
Apenas nos miramos 
en tan larga distancia. 



Fábulas Americanas 53 

sólo comunicamos 

por las dulces aurorast 

estos genios fecundos 

que en aire volaran ; 

más felices aquellas 

Iiermafroditas plantas 

que en sólo una flor tienen 

juntas sus camaradas ; 

como ésta que tú celas» 

que nunca divorciada 

fué del esposo amado 

y en sus graciosas plantas 

estrechamente unidos 

nuestros dos sexos se hallan ; 

los clavos son los tuyos, 

el mío son las llagas, 

ni yo jamás he visto 

mujer tan recatada ; 

cubierta de mil velos 

tiene su nupcial cama. 

Un casto matrimonio 

es quien así me abraza 

y con gracia en mí forma 

estas bellas guirnaldas 

que adornan a este esposo 

que tiernamente te ama. 

Acusas mi destino 

y a mi amo tú maltratas, 

que caprichoso quiso 

que así infeliz me hallara ; 

yo órdenes cumplo. 

¡Oh fuertes desgraciados! 



54 Dámaso A, Larrañaga 

lY no te compadeces?... 
Te pones colorada^ 
mujer linda y celosa 
que quieres que no salga^ 
ni que de ti se aparte 
tu marido ni vaya 
donde sus obligaciones 
y el superior lo manda, 
y quieres que abandone 
de su estado los cargos, 
que las leyes divinas 
quebrante y las humanas. 
El casto amor no es ciego 
ni una pasión malvada 
del corazón tormento, 
sin saetas ni aljaba, 
ni otras niñerías 
que los poetas fraguan. 
Basta ya, mi querida : 
reine en ti la confiarua; 
porque si así no lo haces, 
te llamaré la sauza.^^ 



Fábulas Americanas 



El nogal estéril y su amo 

Viendo un hábil labrador 
que aquí el holgazán nogal 
fructificando muy mal 
todo se le va en vigor, 
le áió con sumo rigor, 
en vez de muerte, paliza, 
y dijo con falsa risaj 
— ^^ Estoy, señor, enmendado../' 
Haga lo mismo un Estado 
y florecerá muy aprisa» 



Dámaso A* Larrañaga 



Los indios, marido y mujer, 
sacando fuego 

Maestra es naturaleza 
de todo ser humano, 
pues son casualidades 
todos cuantos hallazgos 
han Sido descubiertos 
y que venden los sabios. 

Al abríg:o de un bosque, 
do quizás refugiado, 
de un huracán huyendo 
algún experto indiano, 
advierte cuidadoso 
que del viento agitados 
dos muy secos maderos, 
mutuamente rozados, 
al impulso del viento, 
se estaban inflamando-; 
o bajando del cielo 
algún globo o un rayo, 
inflamó el mismo bosque 
con los vecinos prados. 

Así el fuego conocen 
los pueblos más lejanos, 
aunque no conocieron 
el acero malvado 



Fábulas Americanas 57 

que pwnza, corta> inflama 
y ha hecho mil estragos 
entre naciones cultas. 

Pero nuestros indianos^ 
más mansos y más suaves^ 
del fuego sólo usaron 
para el abrigo y viandas» 
uso el más necesario ; 
y a este fin queriendo 
una íridíana sacarlo» 
ausente su marido, 
dos palos ha tomado 
Yf al frotarlos, advierte 
que estaba como hablando ; 
y al momento, asustada, 
los palos ha tirado . . . 
y volviendo el marido, 
le cuenta el caso raro 
que todo dependía 
de estar ellos untados 
con la cera silvestre 
de un panal que encontrara, 
repitiendo el sonido 
al tiempo de frotarlos. 

Aplica malicioso 
la oreja al duro palo, 
y le dice : — ** Querida, 
bien sabes tú que yo hablo 
todos cuantos idiomas 
hasta ahora han usado 
los brutos y las aves ; 
cuanto deseo alcanzo. 



58 Dámaso A. Larrañaga. 

que soy gran hechicero, 
para quien no hay engaños. 

Ellos, pues, me dijeron 
en ese idioma extraño, 
que ellos eran muy duros 
para tus blandas manos; 
que a ti te pertenece 
otro fuego sagrado 
que en mi corazón vive 
con afectos contrarios 
según tú lo manejas? 
ya del amor me inflamo, 
ya de la ira me enciendo, 
y estoy siempre abrasado; 
padeces y padezco, 
ni uno ni otro me es grato. 

En tus manos me tienes; 
tú puedes remediarlo: 
con suavidad me ganas, 
con violencia me aparto, 
pues mí corazón siente, 
no es duro como un palo. 

Reine en ti la dulzura 
y tus suaves halagos 
harán que con paz vivan 
dos esposos amados. 



^ t^ 



Fábulas Americanas 



Fábula literaria 



Dí]o el Plínío francés, — 
¡ quién lo creyera I — 
que los dos continentes de la esfera 
y que el globo terrestre separados 
tienen hoy, fueron, en siglos pasados, 
por el África unidos, 
y que sólo a impulsos repetidos 
de volcanes furiosos, 
y por sacudimientos espantosos, 
aquéllos se apartaron, 
y de ello nuestros pueblos dimanaron, 
Pero dime, hombre sabio y elocuente: 
I quién de los dos más míente ? 

¡ Vaya, que también los naturalistas 
tienen sus fabulistas ! 



Dámaso A* Larrañaga 



Sobre lo mismo : el autor a sus 
fábulas 

Quien la tierra del mar ía separara, 
también sus continentes los formara ; 
Dios es quien dispersó todas las gentes 
y poblara también el nuevo mundo. 
¡ Qué silencio profundo, 
América, de tus cosas quedaron! 
Lo que otros mil fábulas contaron, 
¿ por qué tocaba a tu hijo referillas 
entre otras maravillas? . . . 
Pues qué, < también yo miento ? 
Mas tendrás entendido 
que esto a un fabulista es permitido, 
como no sea en el adfabulacio, 
pues en esto debemos ir despacio. 



=♦«- 
"l^ 



Fábulas Americanas 



Los dos negros: marido y mujer 

La América poblada de africanos, 
no fué antes lo que es ahora; 
su suerte se mejora, 
Yt en vez de amos, se encuentran con hermanos. 

Sus delicias son la religión santa 
y asisten con placer a sus sermones. 

Dijo una negfra en estas ocasiones 
una cosa de trascendencia tanta, 
que creyendo la historia, 
esta fábula de ella hará memoria. 

Un negro que oía lleno de gozo 
a un orador celoso 
que en común instruía a las mujeres 
en todos sus deberes, 
y ella viendo que el padre era prolijo, 
** antes que acabe, no lo alabes,'' dijo ; 
y vuelta la tortilla. 

Dejó con más gusto y maravilla 
que en discursos completos, 
pintados sus defectos. 

Quien gustoso mis fábulas leyere 
mientras sus defectos no los viere, 
saber debe el refrán de la banguela 
que aprendí a mí abuela: 

**A tí también te cabe, 
y no me alabes antes que yo acabe.'' 



Dámaso A. Larrañaga 



Los niños y la víbora de cascabel 



A la Iu2 de la luna, 
niños muy lindos 
cantaban y valsaban 
muy divertidos; 
pero de repente oyen 
un musiquillo 
que daba muy graciosos 
repiquitillos, 
y cuando ellos corrían 
hacia el sonido, 
valses también tocaba 
con el cielito. 

Mas estando ya encima, 
miran los niños 
que era la horrible cola 
de un basilisco. 

Y perecieron todos, 
los pobrecitos ; 
como perecen muchos 
mozos sencillos 
en músicas nocturnas i 
y fandanguillos. 



5Íf ^í -V* 



Fábulas Americanas 



El niño, su madre y la serpiente 

Cierto niño jugaba 
cerca de un río, 
oyendo palabradas 
a los marinos. 

AI retirarse a casa 
oyó un silbido 
tan fiero y espantoso 
de un basilisco, 
que temblando quedaron 
los pajarillos ; 
y exhaló de su boca 
tales hechizos, 
que, viniendo, uno a uno 
se los ha comido. 

Cuando encontró a su madre, 
con susto dijo : 
— ** \ Oh mi mamá querida ! 
< qué es lo que he visto ? '^ . , . 
y allí el caso completo, 
le ha referido ; 
quien, sabia, le responde : 
** Son, hijo mió, 
son más fatales monstruos 
los libertinos, 
cuya boca horrorosa 
traga a los niños. 



Dámaso A, Larrañaga 



La abeja y la araña 

Un terco libertino^ 
como un pisón machaca, 
con nuestro fabulista 
una cuestión entabla ; 
mas éste no gustando 
de coces ni patadas, 
por evitar los golpes 
le dice : ** I No reparas 
aquel vegetal lindo 
que por allí se arrastra, 
muy bueno para ahogos ? . , . 
pues ésta es nuestra salvia. 

Repares también quiero 
una abeja y araña 
que de la misma vida 
miel y veneno sacan, 
y las que en cierto modo 
a los dos nos retratan : 

Tú a las verdaderas 
cosas las haces falsas ; 
mas yo de las mentiras 
saco verdades claras. 



■»♦» 
"^ 



Fábulas Americanas 



La víbora de cascabel y nuestro 
leopardo 

Vibrando su terrible Ieng;ua hendida, 
la serpiente de cascabel tendida 
cerca de su morada, 
de la furia del hombre atormentada, 
la musculosa cola resonando, 
horribles silbos dando, 
volviendo su cabeza y torvos ojos 
con furor indicando sus enojos, 
a un no menos feroz gato, decía : 

— ** En vano todo el día 
corrí tras de la presa, 

porque todos burlaban mi íicrezUf 

todo ante mí se espanta, 

todo desaparece, 

y esta mísera víctima perece. '^ 

El pardo león no compadecido, 
sino del interés propio movido, 
porque también sus presas espantaba, 
así con tal clareza y gracia hablaba: 

— **ha. batalla jamás nosotros damos, 
no porque ni valor ni armas tengamos, 
sino porque siempre huyen espantados, 
y así precisas son las emboscadas. 



66 Dámaso A, Larrañaga 

como lo hacen tos sabios compañeros 

en la yerba escondidos y embusteros; 

corre tú como el galgo 

y ladrando harás algo: 

que tu V02 embelesa 

y nada escapará ^ tu belleza ; 

pero sí nada de esto, ¡ infeliz ! tienes, 

I por qué tan ostentosa y vana vienes 

haciendo alarde 

con gente tan cobarde ? 

Si tú vienes arrastrando la panza, 
ni usas del ardid ni la asechanza, 
I a qué con tantos pitos y tambores 
que ahuyentan sólo y difunden temores ? 
Calla, pues, calla el pico : 
con esto serás rico. . . " 

Siguiendo tal consejo, 
la víbora engordó y mudó pellejo, 
quedando tan brillante y tan lucida, 
que ya desconocida, 
teniéndola por otra, él la embiste, 
y ella, ingrata, le da una muerte triste. 

Asi muchos perecerán cada año 
suministrando luces en su daño. 

Cuando veo asambleas y mensajes 
aclarándolo todo sin celajes, 
digo : calla tú el pico, 
cállate y serás rico. 

Tú al sultán leopardo compadeces 
por tus solos presentes intereses ; 
ese que rige la región nevada 
también caerá en el volcán profondo 
que incendia y estremece 
todo el inmenso mundo. 



Fábulas Americanas 



La negra bozal y su amo 

La carne no quemes; 
no seas bozal. 
La negra responde : 
** S'íf señor/' no más. 
La carne está cruda, 
procúrala asar, 
y ella le responde : 
** Sí, señor/' no más. 
El caldo está soso, 
échale más sal ; 
y ella le responde: 
** Sí, señor, '' no más. 
El caldo es salmuera; 
I qué vas a salar ? 
y ella le responde : 
** Sí, señor, '' no más. 
Siempre por extremos 
la verás andar, 
siempre respondiendo : 
** Sí, señor, " no más. 
Las fábulas piden 
un poco de sal ; 
y ellas son salmuera, 
sí, señor, no más. 
I En lugar de cuentos 
entremeses da ? 
I y ellas ya no gustan ? 
Sí, señor, no más. 



Dámaso A> Larrañagá 



El tigre y una mujer 

Cuando aquí ya la tierra reposaba^ 
y todo allá en la China despertaba, 
dejando su cabana tenebrosa 
nuestro tigre, con marcha majestuosa, 
que la tierra parece no sentía 
el peso colosal que la oprimía, 
recorría su reino vigilante ; 
mas, pasado un instante, 
oyó voces, sollozos y gemidos, 
con tristes alaridos, 

que hasta su mismo corazón partieran, 
y él se dirige hacia do salieran . . . 
¡ Quién lo creyera ! La pobre cabana 
de pastores, abrigo de la saña, 
el lugar presentado por modelo 
de la paz, de la dicha y del consuelo . . . 
allí esposos reñidos se ensangrientan 
por celos que devoran y atormentan. 
La víctima al esposo le decía, 
y mil veces lo mismo repetía : 

— ** Eres un monstruo, un tigre y una fiera. 
Este dice: — '^ Pastora, considera 
que jamás mí consorte maltratada 
por mí ha sido, ni nunca ensangrentada. 
La protección mis fuerzas le prestaron ; 



Fábulas Americanas 69 

las águilas Jamás moscas cazaforit 

y es propio de un cobarde 

en el débil hacer de ellos alarde ; 

di que es un Satanás en carne humana 

que hiere a esa su igual y más que hermana»^* 



4^ ^K 



Dámaso A* Larrañaga 



Los dos perros 

Llegó a las tolderías 
un perro forastero 
tjfano y orgulloso, 
con aire de desprecio, 
y viendo un pobrecillo 
indiano humilde perro 
que carne de caballo 
lo encontró comiendo : 
— ** I Son éstos tus jamones, 
le dijo, y buen becerro 
de que jamás probaron 
tus muy buenos abuelos ? ** 

Nuestro perro, callado, 
de un avestruz el pecho 
le ofrece, y don Melindres 
le hizo doscientos gestos; 
lo lleva a su cabana, 
le presenta un puchero 
de blanca mazamorra, 
mas él ni quiso olerlo 
y secamente dijo i 
— ^ ** Guárdalo, que no quiero.'^ 

Nuestro humilde cachorro, 
al verlo desatento, 
le dijo : — ** No hace mucho 
que vino un perdiguero 
con un lord inglés su amo, 



Fábulas Americanas 7Í 

muy cortés y muy atento ; 
comió cuanto le puso, 
todo hallándolo bueno, 
y con sencillez dijo 
que allá comió cangrejos, 
pescado corrompido, 
royendo huesos secos. 

De las alforjas su amo 
sacó también un queso, 
con un jamón muy gordo 
que presentó a mí dueño, 
y aunque él era salado, 
comió por cumplimiento ; 
también de la cerveza, 
sin parecer grosero; 
lo mismo el inglés hizo 
una copa bebiendo 
de nuestra pobre chicha, 
alegre, muy atento ; 

Mas el can desdeñoso 
todo lo estaba oliendo, 
fétido y asqueroso 
parece todo al necio . . . 

Mi amo, que lo observaba, 
y a quien vino a olerlo, 
le acertó un buen balazo, 
tan bueno, en el cerebro, 
que el tal orgullosito 
no fué a contarlo lejos/' 

Que ciertos señoritos 
que hoy son y ayer no fueron, 
lean con gran cuidado 
este mi pobre cuento. 



Dámaso A» Larrañag^a 



La pulga y la chinche 

La chinche y la pulg^a 
pican a un señor, 
y esta le decía : 
— ** \ Ten más compasión ! 
Sí el señor despierta, 
nos mata a las dos.'' 

Por eso decía : 
¡ ten más compasión ! 
La chata responde : 
** Lo voy a hacer peor. 
¡Miren quién me dice: 
ten más compasión ! " 

La negra, ofendida, 
luego la montó 
con la espuela, y dice : 
*^ \ Ten más compasión ! '' 
Aguijón y espuela 
más fuerte clavó, 
y el potro decía: 
** \ ten más compasión ! ** 

Y cuando tiraba 
patadas y coz 
el jinete, dijo: 
** \ ten más compasión ! ^* 

Aprende en ti mismo, 
¡ oh niño feroz ! 
a oír cuando dicen : 
** ten más compasión. ** 



Fábulas Americanas 



El asno y la mosca 

La mosca montando 
un asno poltrón : 

— ** Corre, le decía, 
nada peso yo.'' 

El burro desprecia 
la mosca feroz 
y Sigue comiendo 
su pobre ración ; 
el jinete apura: 
su aguijón clavó. 

Díó el asno corcovos, 
patadas y coz. 

— ** I Palos, ella dice, 
tu amo no te dio ?, 

I espuela y chicote, 
siendo tan lerdón ? " 

— "De comer mi dueño 
él siempre me dio ; 
pero tú me comes 
y eres un ladrón." 

No se excuse el niño 
citando otro peor : 
para hacer lo malo, 
jamás hay razón. 

•a^/r ■»♦*■ -^tr 

^f^ '^ ■^ 



Dámaso A, Larrañaga. 



El escarabajo y la araña 

A un lindo escarabajo 
andaba por comer 
una perversa araña^ 
sin hacerle porqué, 
pues no había tenido 
nada con su merced. 

Por eso el pobrecito 
poco se deja ver; 
vivía sepultado, 
huyendo de la cruel; 
sólo sale de noche, 
y esto muy rara vez. 

La vil enredadora 
pone en todo el través 
de su cueva tendida 
una insidiosa red. 

El inocente sale . . . 
el cuerpo con los pies 
quedaron enredados ; 
ella cayó sobre él. 

— ** I Dime, cruel, le decía, 
qué te he hecho no sé ? 

— ^^La red, ella responde, 
me acabas de romper. '^ 

— *^^Y antes que la rompiese^ 
no me persiguió usted?'' 



Fábulas Americanas 75 

Mas éste es un pretexto, 
bien claro se ve . . . 
Insidioso con otro, 
niño, no debes ser, 
si no quieres te digan 
araña vil y cruel. 



S.< 



Dámaso A, Larrañaga 



El bienteveo, el niño y su madre 

Un niño al píe de un árbol 
trataba muy cruelmente 
a un pobre pajaríllot 
queriendo darle muerte^ 
cuando en el mismo instante 
y casi de repente, 
**bien - te - veo, ^' dijo. 
El tiernecito niño, 
que a tres años no excede, 
creyó con mucho susto 
que a el se lo dijese, 
su crueldad afeando. 
Lo larg^a prontamente ; 
el pájaro repite 
su bien - te - veo siempre, 
y el niño se confunde, 
ni tialla qué responderse. 

Va a verse con su madre 
y el caso le refiere. 

— **No llores, inocente.'' 

— " Sí, mí mamá querida . . . 
yo no sé lo qué quiere." 

— ** Pues déjalo que grite, 
que de hoy su nombre tiene, 
pues otro ser te acusa, 



Fábulas Americanas 77 

un ser más excelente, 
y que tiene en tí mismo 
una mansión perenne ; 
óyelo tu, hijo mío, 
y séle muy obediente ; 
la clemencia ante todo 
es lo que nos advierte, 
pero de la dureza 
más antes te resientes. 
Será feliz tu madre 
sí en todo eres clemente, 
y sí tu alma sensible 
a todos compadece." 



^ 5ÍÍ ^ 



Dámaso A, Larrañaga 



La rosa y el cedrón 

La fresca, bella rosa, 
desplegaba envidiosa 
todos los atractivos 
de sus colores vivos, 
y sus suaves olores, 
sus gracias y primores ; 
y en vano su alegría 
por fuera parecía, 
pues dentro angustiada, 
del furor agitada, 
miraba con enfado, 
frente de sí plantado 
al buen cedrón fragante, 
candido y brillante, 
que con las miniaturas 
da flores blancas, puras, 
con hojas estrelladas 
y lanzas aguzadas . . ♦ 
— " Cual otro Cupidillo, 
el tal hípocritillo, 
con sus mismos candores 
y con menos ardores 
las demás abrasaba 
y de mí se alejaba. 
Pues las tales bellas 



Fábulas Americanas 79 

ni siquiera una de ellas 
me pone en su cabeza, 
antes bien se adereza 
con esas espiguillas. '^ 
Esto ella lo decía 
pasando cierto día 
la joven jardinera, 
y añade : — ** Embustera, 
siempre serás paisana 
de aquella americana 
que plantaste de intento 
para mi gran tormento. 
La reina de las flores, 
sin sus adoradores, 
despreciada, abatida, 
cabe ella rendida : 
con sus dulces hechizos, 
sin aderezos postizos 
y sin estas espinas, 
las recibe benignas, 
a todos los encanta 
y de mí las espanta: 
quítamela, pues, luego, 
y arrójala así al fuego. '' 
La joven indulgente 
lo hizo muy complaciente ; 
mas sin rubor ni valla, 
a todo expuesta se halla. 
Las orugas y hormigas, 
mortales enemigas, 
sabandijas ratones 
acuden a millones ; 



80 Dámaso A* Larrañaga. 

mas ella se complace^ 

que algún favor se le hace, 

mientras no pasa Octubre, 

que de flores la cubre. 

Cesando el mes florido, 

nuevos ultrajes vído 

en cavas y despojos 

que aumentan sus enojos ; 

sus hojas sin fragrancia 

abaten su arrogancia. 

El cedrón, como antes, 

de aromas abundantes, 

fresco, bello y lozano, 

se ostenta soberano» 

— "Si tú no me despojas 

de todas estas hojas, 

dijo a la jardinera, 

y si con mano fiera 

no me das con un palo, 

pues todo es menos malo, 

muero desesperada, 

con celo atormentada.^^ 

Con remedios violentos 

tuvo algunos contentos. 

Lo violento no dura, 

y perdió su hermosura. 

El cedrón inocente, 

al ver tal accidente, 

le dice: — " Gran señora, 

I qué fiebre te devora ? ^' 

Dijo ella en tono serio t 

" Queda tú con mí imperio. 



Fábulas Americanas 



pues yo moero de celos 

y eres tú el autor de ellos '^ 

Mil damas engfreídas 
van así presumídast 
quieren vencer a todas 
con galas y con modas ; 
como rosas perecen, 
y su casa empobrecen. 



^j» 2j» 



Dámaso A* Larrañaga 



,os niños y un alacrán 

Un niño muy vivo, 
con otro rapaz 
tiraban piedritas 
cual para jugar. 

Tomando una de ellas 
salió un alacrán^ 
tan negro y serpudo, 
que lo hizo temblar ; 
viendo el otro niño 
al dicho animal» 
dijo era cangrejo 
de los de la mar 
y que mal ninguno 
hacen por detrás» 
y que por la cola 
se pueden tomar. 

El niño ignorante, 
y también audaz» 
lo toma» y le clava 
aguijón fatal! 

El niño prudente 
no toca jamás 
cosa que no sabe 
muy bien manejar. 



Fábulas Americanas 



El niño y la avispa 

Sin saberlo sus padres, 
la niña hermosa 
de un jardín muy florido 
toma una rosa. 

Ésta era tan fragante, 
era tan bella, 
que nadie la igualara 
sí no fuera ella. 

De su aroma llevada, 
quiso ella olería, 
pero por su hermosura 
quiso comerla. 

Una avispa terrible 
tiene ocultada, 
la que le da en el labio 
una picada. 

A tus padres consulta 
con reverencia, 
y nada comas ni hagas 
sin su licencia. 



Dámaso A* Larrañaga 



El niño y la mosca 

Un niño mtty límpíto 
y muy aseado^ 
en lugares inmundos 
está jugando. 

Sobre un palo corría^ 
como un caballo, 
y cayendo se puso 
como un gran chancho. 

El con tamaña boca 
está llorando, 
y una mosca asquerosa 
se le ha dentrado. 

Toditos se ríyeron 
y se burlaron: 
lo mismo harán contigo» 
por de contado. 



^ ^ *?' 



Fábulas Americanas 



El hornero en la higuera estéril 

A una higuera frondosa, 
Viéndola el dueño 
tan infecunda, quiso 
ecíiarla al fuego. 

"Un poco más si esperas, 
le dijo un negro, 
será ella bien cavada 
y tendrá riego. ** 

De siete hornos estaba 
el árbol lleno, 
y los horneros todos 
esto supieron. 

No correspondió el árbol 
a tanto esmero, 
y aplicándole el hacha 
cayó en el suelo. 

Su casa con sus hijos 
perdió el hornero, 
aunque avisados todos 
fueron con tiempo. 

Sí a mal árbol te arrimas, 
lo verás esto ; 
también si fueran malos 
tus compañeros. 

** Serás como la higuera, 
dijo el Maestro, 
si fueras infructuoso 
para mi reino. '^ 



Dámaso A» Larrañaga 



Gran proyecto de un Ministro 
de Hacienda 

— ** El más breve momento de los sabios 
vale más que los siglos de los necios^ 
un Ministro de Hacienda así decía 
al recibirse de su gran empleo. 

El erario empeñado y todo exhausto 
lo verán florecer en corto tiempo, 
y haré lo que por siglos dilatados 
no alcanzaron mis ciegos compañeros. 

Los otros Ministerios nivelaron 
con nuestras luces sus departamentos 
y en la instrucción del siglo ya brillaron 
la política y la guerra ; y yo pienso 
hacer brillar el mío más por ella 
que por el esplendor del vil dinero. 

Yo soy de los demás vigor y vida, 
de política y guerra yo soy el nervio. 
\ Que recursos ! ¡ qué fuentes tan perennes 
de sólida riqueza, en todo encuentro ! ^^ 

Decía esto en su cama muy tendido, 
mil operarios rodeando su lecho ; 
y refregando un poco su mollera, 
dice con gravedad: '* Señores maestros, 
en la costa del mar más cercana, 
sin pérdida de tiempo, en un momento, 



Fábulas Americanas 87 

se hará un gran recipiente que conteng;a 
de varas bien cuadradas casi un cuento ; " 
y que pescando cíen grandes ballenas 
preñadas, las metieran todas dentro. 
¡Y qué dificultades! ¡y qué gastos 
nunca vistos, verá el lector discreto ! 

Lejos de florecer, su pobre erario 
siempre iba cada vez de más a menos. 
Cual oráculo, en tono misterioso, 
decía sólo: "¡qué feliz proyecto!" 
cuando hete que llegó gritando un chusco : 
— " Venid, señor, que los montes parieron. " 

AI grande palacio de su monarca 
vuela y va saltando de contento : 
era la vez primera que salía 
de su muy inaccesible oscuro encierro ; 
y marchan el ministro y el rey juntos 
a observar las arcas de oro llenas. 

Con tan gran espectáculo gozosos, 
ordenan vengan todos los lecheros, 
y ordeñando tan gigantescas ubres, 
hagan mucha manteca y mucho queso ; 
que grandes cubas de conserva llenen 
y al ejército de pobres den el resto, 
para que no haya en su reino infelices ; 
que esto se haga saber todo al comercio 
para que apronten buques y bajeles 
y la lleven por todo el universo ; 
y dicho esto se retiraron ambos. 

Mas vino un pobre aldeano diciendo 
haber perdido toda su familia 
a colazos de aquellos monstruos fieros, 



88 Dámaso A, Larrañaga 

contestando el ministro : — ** Pues atarlos. '' 
El aldeano responde: "< Quién hace esto?^' 
I quién podrá poner el cascabel al gato ? 
Sale tanta ag:ua de aquel respiradero, 
que inunda a los peones y a la leche.'' 

— ** Matarlos, pues, y véndase sus cueros, 
y haced también lo mismo con su aceite." 

— " Están, señor, tan flacos como un perro. '' 

— ^* Arrancarles las barbas y venderlas." 

- *^ Sus dientes, señor, de rabia han deshecho; 
me parece mejor será soltarlas 
dándoles libertad en su elemento, 
pues asi el rico cebo de su pesca 
formaria un plantel de marineros. " 

El ministro le dijo que se fuese, 
que en todo esto éPpondria buen remedio. 

Es el caso que supo, registrando 
las admirables obras de Linneo, 
que los brutos cetáceos se ponian 
en el mamilar]^orden por sus pechos. 
** \ Oh, qué mamilas, dijo, y qué de leche ! " 

Con lo ya referido en nuestro cuento, 
sacar debemos, pues, por consecuencia, 
que tienen los Estados sus lecheros 
cuales los pintó Esopo en las aldeas, 
fecundos en proyectos vanos y aéreos. 



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Fábulas Americanas 



La Víbora de cascabel y las ranas 

AI borde de un estanque muy poblado 
de sapos y de ranas, 
después de devorar a sus serranas 
les dice : — " Soy el espanto 
de todos los vivientes de la tierra, 
mas os prometo no haceros la guerra; 
ni lloréis rey con tan fúnebre canto, 
ninguno de los vuestros, 
si queréis ser mis maestros 
en lo que tanto tiempo yo deseo : 
esa facilidad con que yo os veo 
hincharos como un pavo, 
la envidio de vosotros sobre todo ; 
el que lleva el terror a todas partes 
quiere crecer de modo 
que, auxiliado de vuestras sabias artes, 
aun en grandor parezca un elefante ; 
y con mis armas y con mi grandeza, 
seria el rey de la naturaleza, 
pudiendo yo encogerme de manera 
que por todas partes yo cupiera. '^ 
— ** Acepto yo el tratado y el convenio, 
aquí es que debe brillar nuestro genio, ** 
así hablaba el rey de las vocingleras ; 
las demás aprobaron placenteras. 



90 Dámaso A* Larrañaga 

** \ Oh, su secreto raro y milagroso, 
hoy te revela sólo mí reposo ! 
Toma, pues : come de esos vegetales, 
y serás el rey de los anímales.'' 

El culebrón comiólos al momento, 
crece y va saltando de contento ; 
mas^ I ay ! que el mío-mío hubo comido, 
y así perece dando un estallido. 

Muere a veneno quien nos envenena, 
sufriendo del talión la dura pena ; 
del enemigo no tomes consejos 
en lo que va el pellejo. 



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'♦^ "^ '♦* 



Fábulas Americanas 



El ciempiés y la araña 

La Parca tan feroz de los humanos 
se enfurece también con los gusanos, 
que se alimentan de la misma muerte ; 
en acortar su vida se divierte, 
pues no bien nacen cuando ya perecen, 
y aunque hijos de la corrupción parecen, 
tienen unos periodos ordenados, 
cortos, mas a su fin adecuados. 

El ciempiés terminaba su carrera 
y su pobre galera 
con cien remos movida no corria. 
El bien lo conocía ; 
torpe en su movimiento, 
le faltaba el sustento : 
las moscas se escapaban 
y aun de él se burlaban. 

Por lo común las fieras cazadoras 
ven de hambre terminar sus breves años ; 
mas en tan extremadas circunstancias 
vio cerca de su estancia, 
muy quieta y muy tranquila, 
a cierta araña que hila 
y que con su red tenia sobrado 
alimento sabroso y delicado, 
y aunque ni tejer ni hilar sabía, 



92 Dámaso A, Larrañaga 

creyó que de otros él los formaría. 
En la mente es más fácil que las manos, 
tanto en los brutos como en los humanos . . . 
Se víó en un gran atajo. 

El torpe viejo todo se enredaba; 
la de ocho ojos, que bien se lo observaba, 
con sus ocho píes corre presurosa, 
pero cuando llegó, ya la insidiosa 
red desprendió el viejo Argos, 
y sin hacer más cargos, 
entre sus garras iba a darle muerte ; 
mas, astuto y maduro, de esta suerte 
le dijo : — ** No tendrás otro castigo 
sino el vivir conmigo, 
tejiéndome "tus redes, 
tendiéndolas sólo en estas paredes. " 

Cumpliólo así la araña, agradecida 
a quien le dio la vida. 
¡ Oh, cuándo nuestros Códigos penales 
tratarán así a los criminales ! . . . 
¡ Cuándo, doctores, sabios e ingeniosos, 
los harán laboriosos, 
para sí trabajando y sus hermanos 
enfermos, pobres, huérfanos y ancianos I 



5K 



Fábulas Americanas 



Eí asno y el caballo, naturales 
de Europa 

En una fértil campaña 
con verdes y ricos prados, 
lleno de pasto y contento, 
libre de todo trabajo, 
muy tendido a la bartola, 
dormia un gordazo asno, 
olvidando pesadumbres 
y los males ya pasados ; 
añaden también algunos 
que el burro estaba roncando 
con tan terribles ronquidos, 
que de ellos fué despertado. 

Apenas abrió los ojos 
encontró un pobre caballo, 
no sólo muy envejecido, 
mas sin carne y tan flaco, 
que todo en él indicaba 
sus penurias y trabajos ; 
parecía rocinante 
en lo largo y en lo escuálido . . . 
Y tenía todos sus lomos 
muy feridos y matados, 
y también en sus espaldas 
se veían tumorazos. . . 



94 Dámaso A* Larrañaga 

Estaba maceta y tuerto, 
también era cojo y manco. 
AI verlo así de este modo, 

— ** I Cómo en tan mal estado, 
le dijo nue^ro jumento, 

estás así, mí paisano ?^^ 

— ** \ Qué quiere mí camarada ! 
ando en poder de un muchacho; 
arrastro con él la leña, 

y agfua llevo arrastrando, 
y, en fin, él hace conmigo 
mil carreras y mandados. 

Mas cuando yo era más fuerte 
y tenía menos años, 
me tomaron por su bueno 
estos incansables gauchos: 
iba yo a sus correrías 
de avestruces y venados, 
boleaban conmigo potros 
y enlacé toros muy bravos, 
porque aquí, mi buen pollino, 
todo lo hacen bien montados 
y el burro aquí de las cargas 
es el mísero caballo. ^^ 

— ** Tiene razón mí querido, 
le dijo el tordillo cano, 
pues aun no me cabalgaron ; 
para decirlo mejor, 

aun no he sido yo ennalgado, 
ni probé nalgas ningunas, 
y por afrenta montarnos 
llaman a todos aquellos 



1^ 

Fábulas Americanas 95 

que alguna vez nos montaron^ 

y creo que el monta - yeguas 

lo dicen por injuriarnos^ ^ 

porque es de saber^ amigo, 

que con éstas soy casad^ 

siendo mi único destino 

procrear las muías y machos, ' 

y para esto siempre escogen 

los más bizarros del pago»^^ 

Así el buen rucio de Sancho 
le replica al buen caballo . . . 
— ** Pero ya por allí viene 

el bendítíllo de tu amo, 
y tiene éste una carita 

como el más grande bellaco ; 

también trae el pobrecito 

bolas, y lazo arrastrando. 

¡Vete en paz, mi buen rocín, 

Dios te libre de muchachos !'' 
Y quedó el gran orejudo 

sólito entre sí pensando: 

** Por cierto que en esta tierra 

se ven las cosas más raras ; 

pero siempre en favor nuestro, 

los frenos están cambiados/^ 
¡ Cuántos aquí experimentan 

la misma suerte del asno, 

y no obstante, estos lugares 

se ven hoy tan despoblados 

que los cardos sólo engordan 

y grandes manadas de asnos ! 

•«*«■ •a*^ ■4«- 

•«5». -»5«- -^ 



Dámaso A, Larrañaga 



Una moza, la langosta y la rana 



Seguía a una langfosta 
una joven muy hermosa» 
como ella dando saltos, 
corriendo por el campo; 
toma una, y admirada 
de figura tan rara, 
dijo: — ^'¡Lástima de alas 
de fina y rica gasa 
en tan trepadas piernas, 
tan zancudas y feas!^^ 

Respondió la saltona : 
— *^ Vuestras presentes modas 
convierten a las damas 
en langostas y ranas ; 
teniendo la cintura 
en la misma pechuga, 
vuestro pecho, aprensado, 
pronto será malsano/' 

La rana oyó el litigio, 
y dando un salto, dijo: 

^^La moda honesta y sana, 
aunque sea de rana. ** 



Fábulas Americanas 



La rana y el sapo 

A la orilla de un charco^ 
una rana muy parlera, 
dijo un día a cierto sapo: 

— "No sé para qué tú engruesas 
y te hinchas como un pavo, 
como un globo y una esfera. " 
Le dijo el escuerzo vano: 

— "^No miras estas mis piernas 
qué ágiles son y cuál nado, 

y como también con ellas 

doy mis brincos y mis saltos?" 

La otra se sonriyera 
y le dijo : — " ¡ Mira, hermano, 
qué delgada soy y seca, 
y qué poco me he hinchado 
teniendo piernas más diestras 
con que más nado y más salto!" 

Por cierto que hay en la escuela 
unos tan vanos muchachos, 
que apenas saben las letras 
y se hinchan como unos sapos; 
mientras otros que ya cuentan, 
parecen más moderados. 

■at«^ ^ -«tr 

-"^ *♦*■ •'♦*• 



Dámaso A* Larrañaga 



El picaflor, la mariposa y la araña 

** Tiene el lindo picaflor 
la propiedad singular 
de perseguir y ahuyentar, 
con un extraño furor, 
todo lo que ve brillar. 

Tiene paz con las arañas, 
las moscas y escarabajos, 
gusanos y renacuajos 
y otras muchas alimañas ; 
mas tiene malas entrañas 
y se muestra enfurecida 
con la mariposa bella, 
y la mata encarnecida, 
dicíéndola presumida.'^ 

Esto a la araña decia 
la mariposa en un día, 
y aquélla le respondía : 
— ** Por envidia, pienso yo 
que lo hace, querida mía/' 

Estas cosas son frecuentes 
entre las damas y mozas : 
que son menos indulgentes, 
menos suaves y clementes 
con las que son más hermosas. 



Fábulas Americanas 



El toro ensillado y otro viejo 

A un toro hosco^ en tin brete, 
del todo ya ensillado 
y pronto a ser montado, 
le decía su abuelo, 
lleno de amor, de lág^rímas y duelo : 

— ** No hagfas tú del fogoso, 
sino del perezoso, 

saliendo como un buey manso a la plaza ; 

pues yo con esta traza, 

otra vez me he librado 

de ser banderillado, 

y tú también serás echado fuera. ** 

— ** Déjeme, usted, mí abuelo, 
que ese picaro g:aucho, 
aunque sea más ducho 

que los chulos Pepillo y Palomares, 

o más que Castíllares, 

que él no se escapará de estos mis cuerhos ; 

él volará a sanar en los avernos. " 

Tanto el joven Confiaba en su pujanza, 
que dijo : — ** \ Qué matanza ! 
¡ Dejarme montar como los bueyes ! 
lo resisten las naturales leyes . . . ^^ 

Al toro lo montó, cual cabalgante . . . 
Para nuevas acciones. 



100 Dámaso A. Léirrañaga 

buscar debemos nuevas expresiones. 

Mas sí8:amos con el toro, pues éste 
que saliendo del brete 
no corría, ¡ volaba ! 
¡ que tanto así saltaba I 

Sus saltos fueron cuatro 
y con ellos midió el gran anfiteatro ; 
mucho la gente toda se asustara, 
porque casi salvara 
a la barrera opuesta y al barrado: 
tales saltos ha dado ; 
y corriendo así en todas direcciones, 
con violentos enviones, 
dando mil manotadas 
y fuertes cabezadas, 
dando con la cabeza mil reveses 
por arrancar la espuela varías veces, 
con gran ímpetu alzaba la trasera 
para echarlo a la armada delantera» 

El circo al redor iba girando, 
con gran furor bramando, 
mas nada conseguía su fiereza : 
mucha era del jinete la destreza. 

Su equilibrio sustenta 
cual marinero en furiosa tormenta, 
de una fiera que ya lanzaba el lauro 
puesto en medio de la arenosa plaza, 
como Sí renovase la pelea ; 
él con los cuernos la tierra arrancaba 
y con sus manos la pulverizaba, 
que sus pies la arrojaban con violencia, 
meneando la cabeza y torvos ojos, 



Fábulas Americanas ÍOÍ 

mostrando su furor y sus enojos ; 
mas estando cansado de tal modo 
que el sudor bañaba el cuerpo todo, 
que la espumosa baba le pendía 
y la sang^re de la espuela le corría. 
Usa como un cobarde del engaño^ 
mas todo fué en su daño. 

El creyó que era ya la hora llegada 
de darle la más terrible cornada, 
y que no se escapase, 
luego que él se bajase ; 
fingió estar más cansado 
y quedó sosegado, 

mas conociendo el gaucho su intento, 
practicó .con él un grande escarmiento: 
en la nuca el cuchillo le clavara 
y de este modo todas las pagara ; 
cayó en tierra tendido, 
muerto quedó y vencido. 

Perdió su valor 
y perdió 'su amor, 
y luego aprisa 
siguió la risa, 
también las carcajadas 
y grandes palmoteadas 
entre los ¡ bravos ! . . . y la grita crece ; 
Víctores, vivas y aplausos merece, 
y la música entona sus loores 
con sus clarines, flautas y tambores. 

Celebran su victoria, 
sus triunfos y su gloría. 



Í02 Dámaso A* Larráñaga 

Entre tanta alegría» 
sólo el viejo gemía» 
y dando los más tremendos bramidos» 
atónitos quedaron y aturdidos» 
y en silencio profundo 
oyó decir al viejo todo el mundo : 
** I Cuándo serán respetados los viejos 
y serán recibidos sus consejos?^* 



Fábulas Americanas 



La mariposa y su madre 



De un árbol lleno de bichos, 
uno de ellos arrastrando 
se subió a un árbol vecino 
muy frondoso, muy lozano, 
y que estando en más abrigo, 
por cinco veces mudado 
hubo su piel y vestido 
más antes que sus hermanos, 
que por el hambre y el frío 
en esto se retardaron. 
Los dos meses ya cumplidos, 
de la oruga o del gusano 
salió un insecto muy lindo 
con cuatro alas, adornado 
de colores los más vivos 
sobre terciopelo y raso, 
que con su esplendor y brillo 
están al Sol emulando. 

Aun no había florecido 
éste su árbol tan amado; 
yéndose al primitivo 
de su origen y regazo, 
con desagrado hubo visto 
un enjambre de gusanos 
muy feos y sin aliño. 



104 Dámaso A* Larranagá 

y aun todavía volando 
al árbol tocar no quiso. 

— ** Mira que son tus hermanos 
y yo tu madre, le dijo 

la que tenía muy ajados 
sus adornos y atractivos!'' 

— ** Me dais, le dijo, mucho asco ; '' 
y volviéndose a su nido, 

jamás tornó a visitarlos. 

Así muchos señoritos 
muy pronto se avergonzaron, 
ingratos, desconocidos, 
de su madre y sus hermanos. 



■o}»- -sia- >í* 

"ii^ "♦'* "0^ 



índice 



PágS. 
Al. LECTOR '"* III 

El picaflor y la abeja '6 

El zorrillo y el perro 9 

El zorro y el tigre 10 

El hortelano y el cardo Í3 

El caracol ' J8 

La comadreja y el murciélago J9 

El terutero y la tortuga 21 

El argonauta y el mejillón 23 

Un hombre y el oso hormiguero 25 

Visita de Neptuno al Argentino 28 

Las dos montañas : Pan de Azúcar y Montevideo 30 

Manco - Capac, Inca 32 

El cazador y su perdiguero 33 

El zorro y la zorra 37 

Los dos omfaúes 4Í 

La cotorra y su ama 43 

La cacica y la pulga .... 46 

El mosquito, la pulga y la chinche 48 

Los dos sauces : macho y hembra 51 

El nogal estéril y su amo 55 

Los indios, marido y mujer, sacando fuego 56 

Fábula literaria 59 

Sobre lo mismo : el autor a sus fábulas ... 60 

Los dos negros: marido y mujer 61 

Los niños y la víbora de cascabel 62 



Í06 índice 

Págs. 

El niño, su madre y la serpiente 63 

La abeja y la araña 64 

La víbora de cascabel y nuestro leopardo 65 

La negra bozal y su amo 67 

El tigre y una mujer 68 

Los dos perros 70 

La pulga y la chinche 72 

El asno y la mosca 73 

El escarabajo y la araña 74 

El bienteveo, el niño y su madre 76 

La rosa y el cedrón 78 

Los niños y un alacrán 82 

El niño y la avispa 83 

El niño y la mosca 84 

El hornero en la higuera estéril 85 

Gran proyecto de un Ministro de Hacienda 86 

La víbora de cascabel y las ranas 89 

El ciempiés y la araña 91 

El asno y el caballo, naturales de Europa 93 

Una moza, la langosta y la rana 96 

La araña y el sapo 97 

El picaflor, la mariposa y la araña 98 

El toro ensillado y otro viejo 99 

La mariposa y su madre 103 



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PQ Larranaga, Dámaso Antonio 

8519 Fábulas americanas 

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